Soy hijo de Elvira Arellano, una activista por los derechos de los inmigrantes cuya valiente postura contra la deportación en 2006 atrajo la atención internacional a nuestro caso.
Hoy, estoy profundamente preocupado por la retórica antiinmigrante de los miembros del Concejo Municipal de Chicago, particularmente del concejal del distrito 9, Anthony Beale, y el concejal del distrito 15, Raymond López, quienes buscan derogar la ordenanza de Ciudad Acogedora que convierte a Chicago en una ciudad santuario.
El discurso dañino y esta propuesta antiinmigrante no solo apunta directamente a familias inmigrantes como la mía, sino que también disuade la inclusión y diversidad que nuestra ciudad necesita.
Como alguien que fue testigo del arresto y deportación inmediata de mi madre cuando tenía 8 años, entiendo el trauma que enfrentarían innumerables familias. Debemos unirnos para evitar que otros sufran dolor y defender nuestro derecho inherente a la familia y la protección.
Eliminar la ordenanza de Ciudad Acogedora no impediría que los migrantes lleguen a Chicago, pero pondría en riesgo de deportación a los inmigrantes indocumentados que han vivido en Chicago durante décadas y han contribuido a su tejido social y económico. En esencia, la ordenanza impide que la Policía de Chicago colabore con agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE, por sus siglas en inglés) y ayuda a fomentar la confianza de la comunidad.
Las complejidades de la inmigración en Chicago han reavivado las tensiones entre las comunidades afroamericanas y latinas, impulsadas por Beale y López. Al caracterizar el debate como una batalla por los recursos entre estas comunidades, distraen la atención del verdadero propósito de la ordenanza: crear un entorno de aceptación y cooperación. La estrategia divisiva de los concejales debilita el tejido social de Chicago, refuerza estereotipos dañinos y amplía la brecha entre sus residentes, particularmente entre las comunidades negras y latinas.
Esta división entre afroamericanos y latinos tiene sus raíces en factores históricos, económicos y sociales que en ocasiones han sido explotados por el establishment blanco anglosajón. Qué vergüenza para los concejales que quieren manipular los hechos y así crear más división y villanizar a inmigrantes como mi madre y a las comunidades de inmigrantes.
La fortaleza de Chicago radica en su diversidad. Prospera cuando los residentes celebran sus diferencias. La ordenanza de Ciudad Acogedora representa estos valores. Usarlo como arma para obtener ganancias políticas traiciona el espíritu de unidad que los habitantes de Chicago aprecian.
Rechacemos estas políticas de división y alarmismo que vergonzosamente están practicando algunos en el Concejo.
En lugar de aceptar la retórica divisiva, pido que los habitantes de Chicago rechacen la retórica racista contra los inmigrantes que sale de algunos rincones del Concejo Municipal. Debemos unirnos para fomentar la comprensión y la empatía. El diálogo constructivo tiene sus raíces en el respeto, la transformación y el amor.
El compromiso con los demás y su liberación es un acto de amor que trasciende el miedo y que concejales como López y Beale no logran comprender.
Saúl Arellano es miembro del Concejo del Distrito 25 de la Policía y organizador comunitario.
Traducido por La Voz Chicago
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